"La terapia no impone dirección; acompaña el movimiento natural del alma hacia su propio centro."
Esteban Noguer Gelmá
El modelo TdP se desarrolla como un circuito de autorregulación y expansión de conciencia, articulado en cuatro macrofases:
I. Apertura empática — crear seguridad fisiológica y vincular
II. Exploración simbólica — acceso al contenido implícito
III. Reprocesamiento integrador — reescritura de improntas
IV. Consolidación — estabilizar la coherencia narrativa
Antes de comenzar el proceso , se realiza una evaluación de base con los siguientes instrumentos:
Test de Sensibilidad PAS
Instrumento propio de 38 ítems que perfila el rasgo de Alta Sensibilidad en seis dimensiones: sensibilidad emocional, respuesta al entorno, sensibilidad sensorial, procesamiento profundo, sobreestimulación y experiencia estética. Este perfil orienta el diseño personalizado de cada proceso.
Test de Inteligencia Emocional
Evalúa la capacidad de reconocer, comprender y regular las propias emociones y las de los demás — dimensión clave en un modelo donde la coherencia emocional es central.
Test de Autoestima
Mide la valoración que la persona hace de sí misma, en relación directa con la coherencia narrativa del yo que busca fortalecer la TdP.
Test de Locus de Control
Identifica si la persona atribuye lo que le ocurre a factores internos o externos, dato relevante para adaptar el enfoque terapéutico a su forma de afrontamiento.
En procesos vinculados a estudios o validación científica, pueden incorporarse además instrumentos de tres dominios:
Fisiológico — Variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) y coherencia interhemisférica.
Psicológico — Escalas BDI-II, GAD-7 y Escala de Coherencia del Yo (Coherence of Self Scale, TdP).
Fenomenológico — Diario sensorial y entrevista narrativa post-sesión.