Desde la neurociencia contemporánea sabemos que el cerebro es plástico, que se reorganiza cuando una experiencia emocional se resignifica (Damasio, 1999; Siegel, 2012).
Desde la fenomenología comprendemos que el sujeto no es un observador externo, sino el lugar donde la experiencia acontece (Husserl, 1931).
Y desde la antropología trascendental, descubrimos que la persona es acto de ser, apertura al sentido y a lo divino (Polo, 1991, 1997).